El golpe de estado de Honduras y los aparatos clericales

El golpe de estado de Honduras y los aparatos clericales

Los interlocutores de este comunicado de los obispos son de dos tipos: hondureños e internacionales. Dentro de los hondureños distinguen a los dirigentes de los dirigidos, al pueblo fiel y a los medios de comunicación. Se los engloba bajo la expresión “familia hondureña”. Los internacionales son favorables y desfavorables. Entre estos últimos están quienes amenazan y agreden y quienes desatienden sus responsabilidades y ‘desnaturalizan’ su mandato (OEA). Los favorables son los ‘hermanos’ (¿de fe religiosa?) que expresan su solidaridad con los golpistas y les manifiestan su inquietud por Honduras.

Una primera aproximación nos dice que el comunicado de los obispos prácticamente reproduce letra por letra el posicionamiento golpista básico. No es extraño porque sus fuentes de información son las instituciones del Estado en las que se tramó el golpe (creación de la sensibilidad golpista y orquestación del mismo). Los obispos no solo defienden la continuidad del Estado de derecho sino que la vigencia de un régimen democrático de gobierno. Su mismo texto entra en conflicto, sin embargo, con esta versión. Si a Zelaya se le presumían delitos como abuso de autoridad y usurpación de funciones, por qué en lugar de comunicársele la indagatoria (y apresarlo incluso para evitar su fuga eventual) se le secuestró y sacó del país el 28 de junio. Los obispos mismos solicitan una “explicación”. Y si el orden institucional se mantenía incólume ¿por qué hablan de “crisis políticas, económicas y sociales” y llaman a los dirigentes a no “dejarse llevar por los egoísmos, la venganza, la persecución, la violencia y la corrupción”? Parece al menos que el orden institucional se resquebrajó en Honduras tanto como para pensar que el país se ha dividido en Capuletos y Montescos. ¿Y por qué llamar a los medios a “buscar la pacificación y serenidad de nuestro pueblo” si esta paz y serenidad no ha sufrido mella? Además, en su aporte ‘personal’ al comunicado de los obispos, el cardenal Óscar Rodríguez pidió a Zelaya dramáticamente no regresar al país para “evitar un baño de sangre”. ¿Se compadece esta exhortación con la perfecta estabilidad institucional?
Obviamente los obispos están hablando más de sí mismos y de sus intereses que de lo que está ocurriendo en Honduras. En este punto, su comunicado dice: “No nos gustaba el comportamiento de Zelaya. Es bueno y justo para nosotros (y para el país) que lo hayan botado del Gobierno”. Y como consolación: “Nos sirve para empezar de nuevo”. Este último mensaje, “empezar de nuevo” también indica que los obispos reconocen que se ha producido una ruptura. Solo que el responsable de ella es el innombrable, “la persona requerida”, el “ciudadano Presidente”. Que Zelaya haya sido en parte responsable político de la activación del golpe de Estado puede tener elementos de verdad. Pero como lo que se discute es si se dio o no un golpe contra él, pues la constatación de los obispos de que “no ha pasado nada” resulta falsa, aunque conveniente para sus intereses. Es decir, se trata de la declaración cómplice de un sector golpista.
A esa primera aproximación se pueden agregar elementos de análisis menos obvios. Si la declaración de los obispos es la declaraciòn cómplice de un sector golpista, esto los transforma al menos situacionalmente en factor del statu quo oligárquico. Mostrar que no solo son factor situacional de él, sino también estructural, no puede hacerse con los reducidos elementos (fuentes) de este análisis. Pero sí puede mostrarse cómo aparecen en esta situación los factores estructurales que llevan al aparato clerical católico a pronunciarse a favor del dominio oligárquico institucionalizado y a rechazar su alteración.
El ‘naturalismo ético’ está claramente presente en el llamamiento de los obispos a “buscar la verdad”. No se trata de producir una verdad sino de ‘la’ verdad que reside en las cosas porque Dios la ha puesto allí. O sea, la ha puesto en el establishment. Este se presenta con errores, disfunciones (derivados del pecado humano), pero sin conflicto sistémico porque éste no existe en el plan divino (sería un principio de desorden y caos equivalente a la ‘desnaturalización’ de la realidad, a su existencia aberrada, demoníaca, que solo puede llevar a la destrucción y la muerte). Por eso, detrás del establishment, o por encima de él, como se desee, existe un orden natural de paz, bien común y justicia. Por injusta, violenta y sectaria que haya sido la realidad sociohistórica de Honduras, existe una matriz objetiva y divina (la realidad ‘verdadera’ del mundo que, además es trascendente y teleológica) que, sin cambiar la naturaleza de las cosas, puede hacer surgir una Honduras justa, pacífica y comunitaria (Bien Común) o al menos equilibradamente societaria. Los fieles católicos pueden contribuir a ello con la oración y el ayuno. Los dirigentes, renunciando al pecado (egoísmo, venganza, corrupción, por citar tres). Los obispos, indicando éticamente el camino. Se trata de una transformación de los corazones que atienden o desean atender al llamado del aparato clerical católico (que aquí se presenta como un aparato de poder): este llamado es tanto a la conversión como a la renuncia a reconocer como real una conflictividad sistémica en la creación divina y en las particularidades sociales con que se pone de manifiesto en Honduras. Obsérvese la diferencia respecto del planteamiento de la canción de Michael Jackson. Para éste, la conflictividad sistémica (de clases sociales, por ejemplo, o derivada del dominio de sexo/género) existe porque la realidad social no la hizo (produjo) Dios sino los seres humanos y puede y debe ser cambiada porque en otro sitio, producido con amor, es decir sin dominación sistémica, no se darán ni penas ni terror. Y será bueno.
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