El golpe de estado de Honduras y los aparatos clericales

El golpe de estado de Honduras y los aparatos clericales

En el enfoque del aparato clerical católico, tributario del naturalismo ético, la existencia puede ser empobrecedora y terrorífica (para muchos hondureños lo es, realmente), pero se trata de un efecto del pecado. Se puede cambiar esta realidad, pero siguiendo la voluntad de Dios (que es idéntico al pronunciamiento ético/político de su única Iglesia), es decir como continuidad de las cosas (‘naturales’ y sociales), pero si se fracasa (porque siempre habrá pecado), Dios recompensará con la salvación y el Cielo. Y la salvación y el Cielo son en este mundo monopolio del aparato clerical católico. Como se advierte, al igual que en los casinos, la Casa Gana Siempre.
 

Quienes pierden siempre, en cambio, son quienes buscan cambiar las relaciones autoritarias ‘establecidas por Dios’. Socialistas, campesinos, zelayistas, obreros, castristas, mujeres, jóvenes, indígenas, chavistas, etc.
 
Un botón: por todo lo anterior es que la declaración de los obispos culmina con la enunciación de la “familia hondureña”. Se recurre a ella porque se la imagina y transmite como un espacio ‘natural’, continuo, regido por los valores eternos de la castidad, la procreación y el cuido de los hijos. La familia ‘natural’ carece de conflictos (excepto las disfunciones derivadas de la desobediencia a los padres o a la separación entre los hijos, todas ellas derivadas del pecado, en especial el egoísmo y la lujuria) y las naciones, Honduras, deben prolongar el modelo familiar porque así es la voluntad divina. En la familia y en el país, por supuesto, constituye una aberración intentar cambiar la autoridad depositada en la correcta jerarquía de las ‘cosas’: gobernantes y gobernados, varones y mujeres, padres e hijos, iglesia ‘verdadera’ y sectas, etc.
Se trata de un discurso conservador, y para las condiciones de Honduras, reaccionario, puesto que el golpe que los obispos defienden paraliza (y quizás destruye) algunas transformaciones elementales del statu quo oligárquico que favorecían a campesinos y trabajadores y en el mismo movimiento los golpistas hacen entrar en crisis a la débil institucionalidad con que se pretendía avanzar hacia un Estado de derecho y un régimen democrático de Gobierno. Parte de la crisis se produce por el exaltado reingreso de los aparatos militares hondureños como ‘guardianes’ del orden. Aparecen así al menos tres factores que expresando la ley natural (Dios) se ubican ‘por encima’ de las instituciones sociohistóricas hondureñas: la conciencia ética de los obispos, la acción militar correcta, y la trama económico-social-cultural y geopolítica determinada por el vínculo entre la globalización de la forma mercancía y el dominio oligárquico y neoligárquico en Honduras. Se trata de una ley natural y divina con claros nombres y apellidos sociohistóricos.
Una última mención al naturalismo ético (con claros efectos políticos) que sostiene el comunicado de los obispos. En este discurso, los valores (lo apetecido y bueno, por verdadero y trascendente) no surgen desde la existencia humana sino que ‘caen’ desde arriba con poder inapelable sobre esta existencia. Así, los valores, aunque no se practiquen en la vida (el Bien Común, la solidaridad, la paz, etc.) tienen vigencia porque expresan la objetiva voluntad divina. Son la verdad del mundo aunque no se practiquen del todo aquí en la tierra. Se cumplirán para los fieles o los justos allá en el Cielo.
 

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